Visibilizarse da vértigo, pero no poner nombre al problema que tienes es caer al vacío.

Sobre mí

Oihan Iturbide

Editor

Decidí matricularme en Biología cuando cumplí 33 años. No sabía nada de bioquímica, ni de física, ni de matemáticas. No conocía el lenguaje de la ciencia ni el de mis compañeros de 18 años. Ni siquiera sabía cómo comportarme más allá del grupo con el que me había rehabilitado de mi adicción a las drogas. En realidad, no sabía hacer nada que no fuera drogarme.

Superé el primer año, la biología fue la disciplina que decidí estudiar para aligerar el dolor que supone no entender qué ha ocurrido en tu vida. Después decidí abrirme en canal y publicar mi historia en la red: «Soy yonki y me he rehabilitado, igual que el que supera cualquier otra enfermedad, ¿por qué no voy a contarlo?». Mis compañeros y profesores hablaron del tema en sus encuentros con otros, contaron mi experiencia y su manera de vivirla, y lograron que sus interlocutores, a su vez, hablaran de sus propias miserias o las de sus allegados. Así es como un estigma poco a poco va perdiendo fuelle.

La ciencia y los científicos nos ayudan a comprender las cuestiones técnicas, pero no es su labor transmitir la vivencia. Eso solo lo podemos hacer los adictos, y para eso hace falta superar un poco el miedo y ser bastante inconsciente. Justo lo que soy yo y lo que me ha permitido afrontar retos enormemente ambiciosos.

Hoy ese reto se llama Yonki Books y es un proyecto que pongo en marcha desde la editorial Next Door Publishers, empresa en la que trabajo desde hace seis años. Este nuevo sello editorial pretende ser un espacio abierto y riguroso donde podamos dialogar, entre todos, sobre las distintas aproximaciones que tiene el concepto de adicción.

Porque para reconocer antes hay que conocer.

«Soy yonki y me he rehabilitado, igual que el que supera cualquier otra enfermedad, ¿por qué no voy a contarlo?»